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Nuevo currículo escolar: Se impone la mediocridad

Nuevo currículo escolar: Se impone la mediocridad

La reforma curricular que llegó silenciosa a través de la Resolución 0143 oficializa modificaciones en el nivel de educación media —que están en ensayo desde 2015. De nuevo la comunidad educativa se enfrenta a una reforma que trae un discurso político solapado entre líneas escolares 
El primer viernes de diciembre de 2016, en medio del desconcierto colectivo por la falta de efectivo y una falla generalizada en los puntos de venta, salió publicada la Gaceta Oficial No. 41.044. Las Resoluciones 0142 y 0143 firmadas por el entonces Ministro de Educación, Rodulfo Pérez, definían la puesta en vigencia del Proceso de Transformación Curricular para la modalidad de jóvenes y adultos —antes llamado Parasistema— y para el nivel de educación Media General.
El texto quedó disimulado entre designaciones, créditos adicionales y otras gestiones ministeriales, aunque marcaba el “ejecútese” legal a una decisión que introduce cambios importantes en el nivel de bachillerato. Estos apremios debían implementarse de inmediato, en el mismo período escolar que ya llevaba dos meses de haber comenzado.

Pese a que las Resoluciones entraron en vigencia el 2 de diciembre de 2016, el proceso tiene más de un año andando en 68 liceos que forman parte de un plan piloto que se puso en práctica durante el año escolar 2015-2016, pero del que aún no se han difundido los resultados. El fundamento teórico está respaldado por la última versión de una serie de cuatro documentos que presentó el Ministerio en septiembre de 2015, llamado Adecuación Curricular en el nivel de Educación Media General. Fija cambios como la agrupación de materias por áreas de conocimiento, los grupos estables como alternativa para las materias extracurriculares, un esquema de horarios que en algunos casos exigirían turnos de tiempo completo de 44 horas académicas y el cambio en la escala de evaluación del 1 a 5 para la modalidad de adultos.
La Resolución 0143 define transformaciones en el nivel de media pero se presenta como Lineamientos para el Proceso de Transformación curricular en todas las modalidades. No se menciona cómo y cuándo se extenderá a los otros niveles aunque el artículo 19 establece: “viceministros de educación inicial y básica quedan encargados de la ejecución de la presente Resolución”. En las definiciones aparecen los objetivos del Plan de la Patria 2013-2019 como el norte a seguir, similar al antecedente de 2007 bajo la gestión del ministro Adán Chávez, cuando el gobierno anunció que ese período escolar arrancaría con el Currículo Nacional Bolivariano que no llegó a las aulas, rechazado dentro de la Reforma Constitucional.

Diez años después, este nuevo intento corrió con la misma suerte: el recién nombrado ministro Elias Jaua, a 18 días de haber sido designado titular del despacho de Educación, decidió suspender su aplicación. “Luego de escuchar las demandas, observaciones y preocupaciones de sectores de la sociedad sobre el desarrollo de la implementación de la Transformación Curricular en el Subsistema de Educación Media General”, informó el ministro Jaua, durante un acto de entrega de reconocimientos a los docentes.

La resolución 0143 no fue derogada pero se suspendió el artículo 8 que implica que el plan de estudio ya no se desarrollará en el sistema privado y para los liceos públicos se mantiene donde ya se haya implementado “con el fin de hacer las adecuaciones que tengan lugar a fin de conservar los contenidos esenciales y las materias necesarias para lograr una formación o un egresado de nuestro sistema educativo público de Educación Media General con una formación académica integral”, indica una nota de prensa emitida por el Ministerio de Educación, por lo que se mantiene vigente el actual Plan de Estudio “hasta tanto el ministerio emita las directivas correspondientes”.
Tiempos de technicolor y máquinas de escribir

La última actualización del currículo de educación media ocurrió en un mundo donde se tecleaba en máquinas de escribir. La GO 41.044 establece en sus disposiciones transitorias que queda derogado el currículo vigente de 1973. Ese bachiller venezolano que egresaba, título en mano, con un escalón firme al ascenso social ahora se desencuentra frente a sus hijos y nietos que arrastran las deficiencias de por lo menos dos décadas de desfase y el nuevo bachiller se ve metido en una camisa de fuerza en tonos azul y beige.
La tecnología le puso turbo a las diferencias. Los estudiantes califican el bachillerato como una etapa “desfasada, aburrida y hasta prescindible”. No encuentran la conexión entre la estructura educativa y sus necesidades: “Soy programador y hago cursos en línea, en inglés, para desarrollar aplicaciones móviles”, cuenta un estudiante de 16 años que cursa 5to año de bachillerato en un liceo público ubicado en Los Chaguaramos. Sin dudarlo dice que, aunque esté a punto de graduarse el bachillerato, no le sirvió para mucho, por lo menos no para el perfil profesional en el que se está desarrollando.
Estudiantes entrevistados de distintas zonas de Caracas, Mérida y Aragua, de colegios públicos y privados, cuentan con naturalidad lo que se convirtió en una regla, en lugar de una excepción: que pasan de año sin haber visto nunca una o varias materias, que “las Tres Marías” son más leyenda que ciencia, que aprenden más Inglés viendo series en Netflix y que Educación Física y Guiatura se deberían llamar la “hora libre”.

Una de las razones es el déficit de docentes especialistas que ronda el 50%. Este problema advertido por el gremio y los académicos desde hace 20 años, se hizo crítico hace diez, es decir que por lo menos dos cohortes universitarias completas de bachilleres no quisieron dedicar su vida a ser profesores.

En la reforma, la agrupación por áreas de conocimiento sustituye la clasificación por materias. El plan de estudio tiene ocho áreas de formación común: Ciencias Naturales, Lengua, Educación Física, Lengua extranjera, Matemática, Memoria, territorio y ciudadanía; Orientación y convivencia. La propuesta no elimina materias sino que las unifica bajo un mismo perfil. El problema es que, por ejemplo, si el liceo no cuenta con el equipo completo de docentes para trabajar juntos un proyecto que aborde todas las asignaturas, puede ocurrir que el profesor de Biología debe integrar contenidos de Física y Química aunque no sean su especialidad.
“Uno no puede sustituir lo que sabe como quien se cambia un chip. Son años de conocimiento, de preparar clases, encontrar ejercicios para desarrollar en el aula y de repente hay que saber de física, de química. Yo soy profesor especialista de biología y en vez de promover eso, quieren que uno sea un maestro todero”, dice Antonio G, profesor de Biología de un liceo público ubicado en Caricuao. El profesor comenta que varios de sus colegas han mostrado preocupación por tener que impartir clases en temas que no dominan, y aunque donde trabaja aún no se ha implementado la agrupación de materias, la estrategia sería dedicar más horas a la asignatura original en la que se formaron.
En un liceo ubicado en Macarao, que forma parte del plan piloto, una docente de Contabilidad —materia de Educación para el trabajo— fue reasignada a Educación Física, porque esa es el área con mayor necesidad para el plantel. La profesora asumió la materia porque no está en condiciones de renunciar, pero tuvo que pedir apoyo de colegas que supieran del asunto para poder organizar clases con contenidos que no son de su dominio.

Leonardo Carvajal, docente e investigador, explica que agrupar materias por áreas de conocimiento responde a una buena tendencia desde el punto de vista técnico-teórico pero al aplicarla va a encontrar un foso profundo: “Es un problema cuantificado desde 1996. En estos 20 años la matrícula en el nivel medio aumentó y el crecimiento demográfico ha sido acumulativo, si se toma la matrícula de estudiantes, se divide en secciones y se cuenta cuántos profesores hay disponibles y la cantidad de horas que cada grupo requiere podemos calcular que el déficit está en 50%”.

Otro de los planteamientos del Proceso de Transformación son los grupos estables que, de entrada, presentan un problema de definición en metodología de trabajo y de evaluación. Por ejemplo, el área de Arte y Patrimonio forma parte tanto del grupo común como del grupo estable, lo que deja al criterio de los docentes o de los directivos de los liceos cuál será el tipo de evaluación que pueda tener o si estas clases serán extracurriculares.
El formato de los grupos estables es una especie de salón heterogéneo con estudiantes de diferentes edades y grados que tienen afinidad por una actividad en las áreas de Acción científica, social y comunitaria; Actividad física, deporte y recreación o Participación en producción de bienes y servicios. Pero el grupo estable, contrario a su nombre, depende de muchos factores externos como las posibilidades de dotación e infraestructura de cada liceo, docentes que se encarguen de las actividades extracurriculares, el interés de los muchachos que se combina con el limbo de evaluación porque no se ha establecido cómo se aprueba el área que se imparte en un grupo estable y tampoco queda claro si reprobar impide la prosecución. “Tuve tres profesores de matemática distintos entre el primer y el segundo lapso pero a mitad de año renunció el último y como no vimos más clase nos promediaron esa nota con otras materias”, cuenta Ariadna G, estudiante de 4to año de bachillerato en un liceo de Montalbán.
El ex coordinador académico de una escuela de talento deportivo explica que la propuesta “plantea algo que es el deber ser, pero la realidad es que algo básico como no tener comedor se convierte en un problema porque no puedes tener a los muchachos en clase hasta las 4 de la tarde sin comer bien. Ni siquiera pueden pedirle a los maestros que se queden en el liceo si la mayoría tiene que matar tigres para mantenerse. Lo mismo ocurre con los implementos, las instalaciones, la dotación. Si no tenemos condiciones no podemos hacer cambios que son muy buenos pero en papel”.

Problemas más allá del currículo

Si los profesores se han restado de la cuenta, la deuda histórica con el bachillerato más bien se multiplicó. Según la última Memoria y Cuenta que presentó el Ministerio de Educación en 2015, en todo el país hay poco más de 27.000 instituciones educativas, pero en apenas 5.000 se puede cursar bachillerato. La matrícula escolar entre 12 y 17 años arroja un estimado de 700 mil niños y adolescentes fuera del subsistema de educación media.

Como no hubo presentación de Memoria y Cuenta 2016, la cifra más reciente ofrecida por la Fundación de Edificaciones y Dotaciones Educativas (Fede) se encuentra en una nota de prensa que indica la inauguración de 200 nuevas escuelas para el período escolar 2016/2017. No especifica cuáles son los planteles destinados para liceos o cuántas instalaciones tienen capacidad para la prosecución escolar completa.
El mismo Ministerio de Educación reconoce que el país necesita 1.500 escuelas nuevas. Antonio Ecarri, presidente de la Fundación Arturo Uslar Pietri, lleva este número a 4.000, sin contar las condiciones en las que se encuentran las existentes: “las escuelas no aguantan una inspección de Inpsasel”.

A mitad de camino

Durante el segundo gobierno de Rafael Caldera se hizo la adecuación por áreas de conocimiento dentro de la reforma curricular de 1997 —que se aplicó en el nivel de 1ro a 6to grado. Desde ese momento quedó pendiente hacer la implementación en el nivel siguiente para darle continuidad a la metodología, pero nunca se hizo. Esta nueva reforma adelantada por “la revolución” busca atender la etapa media del sistema, pero sin adecuar el nivel previo de educación básica ni considerar los ajustes en el nivel siguiente: las universidades.
El marco de referencia para este proceso fue la Consulta Nacional por la Calidad Educativa, realizada en 2014 por el Ministerio de Educación, que aseguró oficialmente que habían participado 29 mil colegios y así le dieron legitimidad popular a la reforma. Pero los representantes de gremios y universidades afirman que no fueron considerados en las reuniones y que las observaciones que hicieron llegar no quedaron contempladas en los resultados.
La presidenta del Colegio de Licenciados en Educación de Venezuela, Carmen Aguirreche, hace énfasis en el error fundamental que significa haber dejado por fuera la parte académica porque es donde se forman los profesionales que finalmente son el recurso humano que va a aplicar un nuevo currículo.

La escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) expresó a través de un documento oficial su posición ante la implementación inmediata del nuevo diseño curricular e insisten en que el Ministerio no ha divulgado los resultados de la experiencia piloto por lo que desconocen los aportes de la puesta en práctica.

De igual manera, la consulta se utilizó como parte de los fundamentos de la Resolución, a pesar de que los resultados mostraron que 53% de los entrevistados apuntaba a que la formación docente era la clave para mejorar la calidad de la educación. Apenas 10% se enfocó en la necesidad de un cambio de currículo.

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