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Inflación y parálisis, los trágicos hijos de 14 años del control de precios

Inflación y parálisis, los trágicos hijos de 14 años del control de precios

Una inflación inédita de 799,9% en 2016, según cifras preliminares del Banco Central de Venezuela, es parte del resultado de la política de control de precios que el gobierno ha mantenido sobre la economía en los últimos 14 años. Ha sido el período más largo de controles en Venezuela y durante el cual los precios alcanzaron niveles nunca vistos. El gobierno se plantea ahora un nuevo sistema de precios sin que se den señales de cambio de rumbo.
Steve Hanke, reconocido economista estadounidense, estudioso del fenómeno inflacionario en el mundo, colocó a Venezuela a finales del año pasado en el listado de naciones que alcanzaron la hiperinflación. Controles exacerbados y una abusiva emisión de dinero inorgánico explican que el país se haya sumado al estudio de Hanke y su colega Charles Bushnell.
Venezuela cumplió el trámite a pesar de que pudo haber evitado caer en hiperinflación. Víctor Álvarez, economista e investigador del Centro Internacional Miranda, señala que el país acumula un déficit fiscal entre 10% y 12% del PIB por más de 5 años y la forma como el gobierno lo financió fue con emisión de dinero inorgánico (sin respaldo en los bienes y servicios de la economía); tiene tasas de interés que no compensan la capacidad adquisitiva que la moneda local pierde por la inflación y cuenta con el rechazo de la población a usar el bolívar porque no cumple su función, dice en entrevista con El Estímulo.

Todas las condiciones estudiadas y sustentadas que dan origen a la hiperinflación están presentes en la economía venezolana, dice Álvarez, quien reconoce niveles de entre 25% y 30% mensual.
Los controles de precios están asociados a controles de cambio y 2003 no fue la excepción. Este 11 de febrero se cumple otro año de precios sometido a regulación del gobierno sin que  la medida haya cumplido su objetivo: evitar que los productos subieran afectando el poder adquisitivo de la población, en un momento de inestabilidad política. Los controles (de cambio y de precios) se adoptaron luego de un golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez y una paralización de actividades a nivel nacional en la que participó Pdvsa, la principal industria del país.
Bienes alimenticios de la cesta básica, artículos de higiene personal y unos pocos de limpieza del hogar en distintas presentaciones conformaron inicialmente el universo de productos regulados.​

Este listado se fue ampliando con el tiempo. Alcanzó a los medicamentos y de allí el gobierno fue agregando rubros y sectores a medida que percibía que de esa manera garantizaría los productos a “precios justos”.
“El problema surge cuando se prolonga exageradamente en el tiempo y tiene efectos negativos porque se controla el precio final, pero se libera el resto, los costos superan los precios controlados y se producen pérdidas. La medida opera como un desincentivo a la producción y una vez que se liquidan los inventarios sobreviene la escasez. Ni siquiera las empresas del Estado llegan a recuperar los costos y los ingresos por facturación no les alcanza ni para pagar la nómina y el Estado se atiborró de empresas” al expropiarlas, explica Álvarez.
La historia venezolana conoce de controles de precios, pero este último, a diferencia de los anteriores abarcó toda la economía, con la excepción de los taxis porque en el país no hay taxímetros, refiere en conversación con El Estímulo, Vladimir Chelminski, autor del libro Los controles de precios: buenas intenciones y trágicos resultados, editado en enero de 1998 por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice).
“Se impusieron más leyes con mayores penalidades de lo imaginable y se utilizó un lenguaje amenazador por parte de las autoridades”, dijo quien se desempeñó hasta 2004 y por más de 20 años como director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caracas.
Estudioso de los problemas económicos del país, Chelminski indica que los controles dañan la producción, no solo de los bienes objeto de la regulación sino también de los que sin estar controlados entran en una fase de paralización progresiva ante el temor de caer en la misma situación.

Se reduce la oferta y aumenta la demanda y con ello se abren los canales a la corrupción, dice Chelminski, quien recuerda que los años 80 y 90 son conocidos en América Latina por períodos de controles de precios e hiperinflación en algunos casos, en los que se intentaron varios planes que resultaron fallidos.

Sin embargo, “aprendieron a estabilizar sus precios y trabajan sin controles como norma”, afirma para ejemplificar con Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Uruguay, “tan amigos del socialismo y de este gobierno y del cubano, pero que han tenido precios libres como norma”.
“El mundo se mueve con los precios, nos guste o no”, dice el experto que señala que el mercado tiende a autorregularse, pero “tiene que haber un banco central que preserve el valor del dinero. Si imprime dinero más allá de lo razonable desata la inflación”.
Cada vez con más fuerza el gobierno ha ido apretando los controles. El 6 de febrero, el ministro de Finanzas y vicepresidente para el Área Económica, Ramón Lobo, informó que el gobierno está “evaluando un nuevo mecanismo de sistema de precios y una reingeniería de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde)”, como acciones para reducir los índices de inflación.

No ofreció mayores detalles del esquema, pero reiteró el discurso oficial según el cual la especulación tiene una incidencia de 70% en el aumento de los índices inflacionarios del país.

Ramón Rosales, ministro de Producción y Comercio para el momento en el que se instauraron los controles en 2003, advirtió a Chávez -ante la inminencia de la adopción de la medida-, que ni el gobierno ni la sociedad estaban preparados para hacer frente a la especulación y el desabastecimiento que se iba a generar. “Por ello le pedí recursos para reforzar al Indecu, que era el organismo que venía haciendo, desde la IV República, una labor de educación del consumidor, pero que estaba desguarnecido gerencial y tecnológicamente para hacer frente al desafío de un control de precios”, dijo Rosales a El Estímulo.
“Logramos los recursos y empezamos una modernización de ese instituto. Lamentablemente este organismo fue reorientado para una labor que lejos de contribuir al empoderamiento del consumidor se ha convertido (Sundde) en una secretaría de procesamiento de ajustes de precios, muy liberales la mayoría, pero en nombre de un socialismo que no es tal”, analiza el ex funcionario.
Convencido de que los controles son un mal necesario, asegura que al principio la regulación de precios cumplió su objetivo, “pero como todo control se desnaturaliza y se agota. De allí las perversiones que ha sufrido, y hoy los consumidores de todos los estratos sociales son víctimas de una especulación caníbal y de una ineficacia del Estado”.

Los controles han sido perforados, opina Rosales, y la solución al problema es más sencillo de lo que pueda pensarse, a decir de Álvarez, quien también formó parte del gabinete de Chávez. “Están al alcance de la mano”, asegura para precisar que no se necesitan de dos años para conseguir una reducción gradual de la inflación, “puede pararse de un solo frenazo”.

La unificación cambiaria a un nivel que exprese la verdadera productividad y competitividad de la agricultura y la industria, que permita cubrir costos de producción y obtener una ganancia y así sustituir importaciones, es la principal medida a tomar, aunque no la única.
“Con esa unificación se daría un respiro tremendo a Pdvsa, que pierde Bs 680 por cada dólar y por ese lado se corrige el desequilibrio monetario porque Pdvsa no tendría la necesidad de pedir dinero al Banco Central de Venezuela y aliviaría su flujo de caja”, señala. Pero resulta indispensable que el gobierno erradique como una de sus políticas el financiamiento inorgánico del déficit fiscal.
Sincerar el precio de la gasolina y sustituir los ineficientes subsidios indirectos a la población a través de productos y servicios, por otros directos, en moneda, a familias en condición de pobreza, son otras de las acciones a tomar para acabar con la inflación, sostiene el investigador.

No obstante, como han venido manejándose los controles en los años más recientes, pareciera que este gobierno no los va a levantar nunca, dice Chelminski.
Hoy, cuando se cumplen 14 años del control de precios, los resultados están a la vista: un aparato productivo que trabaja a 35% de su capacidad, altos niveles de escasez, importación de productos a dólar libre y una inflación de 799,9%, la más alta del mundo.
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