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Las mafias del Saime por un pasaporte

Las mafias del Saime por un pasaporte

La emisión de los pasaportes está bien a ratos. Sin embargo, hay momentos —como ahora— en que el trámite, que en sus buenos tiempos se resuelve a lo sumo en dos semanas, se demora hasta siete meses. La excusa: falta de material. La viveza criolla no escasea, los usuarios del Saime denuncian que hay trabajadores que cobran hasta 800 mil bolívares para agilizar la impresión del documento

Es una cola que se recicla. No es tan larga; pero con la misma rapidez que se acorta vuelve a crecer. En las afueras del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) la fila es solo para preguntar, aunque la respuesta difícilmente sea satisfactoria. “Tiene que esperar. No hay material”, escucha impotente el interesado, que debe retirarse con el rabo entre las piernas.

Siete meses de espera por un pasaporte no parecen ser suficientes. Frente a la oficina de Atención al Ciudadano se forman dos hileras. No se vale decir que solo se va a hacer una “preguntita” pues todos los que están en orden van a lo mismo. La fila más larga es para interrogar acerca de “lo que sea” sobre la diversidad de servicios que ofrece la oficina que garantiza la identidad de los ciudadanos venezolanos, dentro y fuera de sus 916.445 kilómetros cuadrados. La más corta es exclusiva para los pasaportes.

Antony vino el lunes dos de enero desde Yaracuy. Vive en San Felipe y se trasladó a Caracas ya sin ganas de seguir esperando. La paciencia tiene sus límites y en su caso se colmó después de pasar Navidades y Año Nuevo solo y encerrado por la única razón de no tener el librito azul. Sus familiares estaban todos en República Dominicana visitando a su abuela, él no viajó porque desde el 27 de julio miraba con desespero su celular esperando el mensaje que le informara que podía ir a retirar el documento en las oficinas del Saime. El texto nunca llegó. “No hay material’, esa es la respuesta de todo el mundo”, reitera.

Sin embargo, el viaje a Caracas no fue en vano: “Un hombre que estaba parado en una esquina escuchando la conversación se acercó a mí cuando ya me iba. Me dijo que si le daba 100 dólares me lo imprimía. Tengo que viajar en enero a Ecuador por cuestiones de trabajo así que accedí”. El 5 de enero Antony ya tenía pasaporte.

Tan confiado estaba el gestor en que lograría su cometido que ni siquiera cobró por adelantado. Eso también hizo que el yaracuyano no dudara. La transacción se zanjó en cuanto este recibió el documento de identidad. “Es la misma gente que trabaja ahí”, asegura.


Conseguir el pasaporte cuesta caro, en bolívares y en dólares. No importa que la cuenta oficial de Twitter de la institución @RedsocialSAIME insista en que el costo del librito es de tan solo 12 unidades tributarias, equivalentes a 2.124 bolívares. Rafael Uzcátegui, coordinador general de la ONG Provea, escribió en su cuenta de Twitter el tres de enero: “Amiga pagó hoy 800 mil bs por renovar pasaporte. Con la excusa ‘no hay material’ corrupción sigue a paso de vencedores”. Y así las historias abundan.

Al abogado Hilran Jeshua la primera semana de noviembre un trabajador del Saime, en la sede principal de Plaza Caracas, le pidió 600 mil bolívares a cambio de agilizar el trámite. Los gestores mueven sus precios con la misma rapidez que aumenta la inflación. Entre septiembre y octubre esa misma persona le cobraba 80 mil bolívares y se lo entregaría en un día. Jeshua no quiso ceder. La cita la solicitó en julio de 2016, pues su pasaporte vencía en diciembre de ese año y tenía planes de viajar a Estados Unidos en ese mes. “Al principio me decían que había un error en el sistema. Así transcurrieron dos meses y nada. Luego contacté a Juan Dugarte —director del Saime— vía Twitter, le expliqué la situación y me respondió que debía esperar”. Eso hizo, tanto esperó que desistió de su viaje. A diferencia de Antony, se negó a pagar 600 mil bolívares por un trámite de 2.000. A finales de diciembre recibió el mensaje que le indicaba que podía ir a retirar el documento.

Dugarte fue contactado vía Twitter y correo electrónico para que ofreciera sus razones sobre las demoras en la entrega del documento y opinara sobre la viveza de sus empleados; pero no hubo respuesta. En una nota de prensa publicada por el diario Panorama en septiembre se dice que para octubre de 2016 estaría regularizada la entrega, lo que a todas luces no ha ocurrido. En ese entonces prometía que el material utilizado para elaborar las libretas llegaría al país en octubre. “Todos los insumos que intervienen en la elaboración del pasaporte son importados, como la lámina de policarbonato donde va el chip que lleva los datos de la persona”. Y remataba con añagaza: “El problema está solucionado”.


Atrapados fuera de Venezuela

Cercados o indocumentados. Las demoras del Saime no solo cancelan viajes, dejan en indefensión a ciudadanos venezolanos que viven en el exterior. Alejandra Raga, residenciada en Valencia-España, tiene más de siete meses intentando renovar su pasaporte vencido desde junio de 2016. Su drama comenzó desde el mismo momento en que debía pedir la cita, ya que la página del Saime para este trance solo funciona utilizando Explorer como navegador de Internet y ella, al igual que el 56% de los usuarios de la red, prefiere Google Chrome.

Cuando, por fin, recibió la cita tuvo que pagar 16 euros para viajar el 6 de septiembre de Valencia a Barcelona, donde queda el consulado venezolano más cercano. El bus salió a las 2:00 am y ella llegó a la ciudad de Gaudí a las 7:30 am —en el consulado solo atiende desde las nueve de la mañana hasta el mediodía. Volvería a Valencia ese mismo día. “Tuve que pedir permiso en el trabajo, no podía quedarme más”. La atendieron de séptima y salió del consulado a las 12:30 pm con la promesa de que tendría el librito por el que pagó 80 euros en un plazo de entre 45 y 60 días. Según sus cálculos, eso significaba que llegaría el 6 de noviembre, pero nada que el estatus de su trámite se actualiza en la página del consulado.


A los venezolanos en el extranjero el trámite se les complica pues el pasaporte se envía en valija diplomática. La página del Consulado de Venezuela en Barcelona publicó desde el 17 de noviembre que la siguiente fecha de actualización de llegadas de pasaporte sería “aproximadamente” el 20 de diciembre, pero en esa valija no llegó el documento de Raga, que también es fotógrafa. Debe esperar “aproximadamente” hasta el 11 de enero. Mientras tanto, no puede viajar y mucho menos comenzar a tramitar la nacionalidad española —por estar casada con un español—, porque el primer requisito es tener el pasaporte de su país vigente.

No hay que cruzar el Atlántico para toparse con estos casos. En República Dominicana sucede lo mismo. A finales de 2016, el consulado venezolano en ese país permaneció 15 días cerrado. Como si el fuego necesitara más leña. José Rafael Mata tuvo que ir 21, 22 y 23 de diciembre a acompañar a su esposa que por esas fechas había recibido la cita para renovar su credencial. Mata es director creativo de la plataforma on line Panas Digitales, que investiga, procesa y difunde información sobre los venezolanos en el exterior. En la fila se encontraron con gente que había hecho la solicitud en junio, investigaron y se dieron cuenta del drama generalizado así que crearon la campaña en las redes #SinPasaporte para visibilizar el caso. A la fecha han registrado más de 100 denuncias de venezolanos que tienen como mínimo tres meses esperando por el documento de identidad. Incluyendo a compatriotas que regresaron al país creyendo que el trámite sería más rápido y se quedaron luego atorados en Venezuela, dejando vacíos sus puestos de empleos en el extranjero. La esposa de Mata quedó indocumentada, eso le imposibilita cobrar cheques y firmar contratos, por ejemplo, con las compañías que ofrecen servicios públicos en ese país.


¿Soborno o no soborno?

Un venezolano en Chile, que prefiere resguardar su nombre, reconoce que pagó 500 mil bolívares a un funcionario del Saime para renovar el pasaporte de su madre. Cuando hizo la trampa, el valor del dólar innombrable rondaba los 4.000 bolívares por billete verde. Al cambio, unos 125 dólares. Después de año y medio sin ver a su mamá y de haber comprado un pasaje a Chile que costó 800 dólares, ese monto lucía insignificante.

La madre tuvo la cita para el pasaporte en septiembre. Llegó diciembre y no había rastro de él. La señora residenciada en Carabobo viajó a Caracas buscando una solución legal que no encontró. En cambio, escuchó en la cola que con el pago de 700 mil bolívares el tan mentado material aparecería así fuera debajo de las piedras.


Una vez que el hijo pagó a su gestor de confianza, el documento estuvo listo en una semana. De miércoles a miércoles.

Leirimary Mendoza, en cambio, se negó a pagar, aunque estaba al tanto de que cobraban entre 600 mil y 500 mil bolívares. A cambio, pasó sola en Venezuela su cumpleaños, el aniversario de su boda y las fiestas de fin de año. “Mi esposo viajó el 3 de octubre a Chile y yo no me pude ir con él por la falta de mi pasaporte”. Tuvo la cita para renovarlo el 22 de junio, y no lo recibió sino hasta el 22 de diciembre, después de que emprendió una campaña de acoso en las redes y por correo electrónico al Saime y a Dugarte. Al esposo el paisaje le costó 600 dólares. Ella ya ni sueña con viajar en avión. Tiene pensado alcanzarlo en enero, después de una travesía de nueve días por tierra en los que atravesará cuatro países. Así el viaje le cuesta 360 dólares. Prefirió eso a pagarle a un gestor que cobra una “millonada”. “Por más que yo quiera estar con mi esposo, no estoy a favor de esa vagabundería. Aunque tuviese el dinero, no lo pagaría”. No todos piensan como ella. Mientras “no haya material”, los funcionarios del Saime se frotan las manos.

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