Consignas políticas y polarización


Las consignas políticas han conformado una de las prácticas discursivas más representativas del proceso político y de cambio social que ha mantenido polarizada a la sociedad venezolana desde que Hugo Chávez Frías asumió como presidente en 1999. Aunque el campo oficialista ha sido mucho más prolífico y creativo en su uso, las consignas han desempeñado para ambas toldas un papel fundamental como estrategia de cohesión y movilización de las masas.

En estos catorce años las consignas han sido cruciales en la construcción de identidades políticas polarizadas. Lemas oficialistas como "¡Chávez es socialismo!”, “¡Chávez, lo juro, mi voto es pa´ Maduro!”, frente a lemas opositores del tipo “¡Democracia sí, dictadura no!”, “Hay un camino”, han proporcionado a los seguidores de ambos grupos claves respecto a quiénes somos “nosotros”,quiénes son los “otros”, cuáles son nuestros valores, metas y actividades, cuáles son los del contrario.

Las consignas políticas también han creado trincheras cognitivas e ideológicas para cohesionar a los grupos de pertenencia frente a las amenazas reales o imaginarias del adversario, preparándolos para la acción. El discurso antagonista de locuciones como“¡No volverán!”,“¡No pasarán!”, “¡Uh! ¡Ah! Chávez no se va!”, “¡Chávez vive, la lucha sigue!”, del sector oficialista o “¡Prohibido olvidar!”,“¡Ni un paso atrás!”, “¡No es No!”, “¡No tenemos miedo!”, del sector opositor, han expresado de forma dramática y dolorosa el desconocimiento mutuo de los sectores en pugna, quienes al percibir alguna amenaza pretendidamente real del contendiente, han cerrado filas, acentuando sus diferencias. En las distintas crisis políticas que hemos vivido hasta el presente, las consignas han adquirido un valor argumentativo desde el cual se le ha asignado a las confrontaciones un sentido de urgencia histórica.

El ámbito natural de las consignas políticas ha sido siempre la oralidad furibunda de las masas en movimiento, que es donde aquellas conectan la ideología con la emocionalidad del ciudadano. En la multitud vociferante, la fuerza ideológica y cohesiva de las consignas no descansa en su significado directo, sino en su premeditada simpleza, en su brevedad, en su ambivalencia, en su naturaleza rítmica, en su capacidad nemotécnica. Es por ello que entregarse a este tipo de locuciones al calor del asfalto, el sudor y la muchedumbre conlleva un sometimiento implícito de la voluntad y la conciencia crítica, con resultados que en ocasiones han sido desastrosos para nuestra sociedad.

Para desactivar esta dinámica de poder y dominación sustentada en la semántica de la polarización, es urgente construir un discurso político de inclusión y tolerancia, capaz de propiciar en la sociedad anclajes para el reconocimiento del otro. Venezuela lo necesita.

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